HOKKU NO ES HAIKU, Y VICEVERSA

Thanks to the kindness and cleverness of a reader named Giovanni Jara, here is a Spanish translation of a couple of my postings on the important differences between hokku and modern haiku.  They recently appeared in a Spanish online magazine, which accounts for his introduction:

Hokku

Por David Coomler

[Buscando algún material interesante que traducir para HELA (www.hela17.blogspot.com), aparece el blog de David, quien de forma extensa expone y defiende que, en general, lo que hoy en día en inglés llaman haiku está tan alejado de lo que originalmente buscaban los primeros autores clásicos, que el rótulo para lo que hacían esos antiguos haijines debería ser otro: hokku; el nombre mismo de la primera estrofa del renga.

Si bien, este puede ser un tema de discusión un tanto ajeno (y confuso) para hispanohablantes nosotros que hace tan poco tiempo tratamos de entender el género japonés, tal vez sirva para meditar acerca de la verdadera esencia del haiku (y/o hokku): ese centro estético-espiritual que envolvemos con unas cuantas sílabas. “Eso” que buscaban los antiguos…

Agradezco al autor por permitir y sugerir algunos de sus artículos para ser traducidos, a modo de introducción a su manera de comprender el hokku y el haiku.

Traducido y/o adaptado por Giovanni Jara, en agosto de 2010]

Hokku no es haiku, y viceversa.

Muchos todavía se confunden por el descuidado e indiscriminado uso y mezcla de los términos hokku y haiku, tanto en el material impreso como en Internet. ¿Son lo mismo? ¿Son diferentes? Es importante saberlo, porque la supervivencia del hokku depende de entender exactamente lo que es, de manera que no lo confundamos con todas las estrofas similares en lo superficial, que se amparan bajo el término genérico haiku.

Sin entrar en una descripción detallada, podemos decir que hokku es un poema corto que alcanzó verdadera popularidad primeramente cerca del inicio del siglo 16. Sin embargo, para nuestros propósitos, el hokku tal como lo conocemos, comenzó con los escritos de dos personas: Onitsura (1661-1738), que no dejó estudiantes para continuar su trabajo; y Bashô (1644-1694), que sí tuvo seguidores, y por eso se hizo mucho más conocido. Desde la época de Onitsura y Bashô hasta justo antes de la época de Shiki (1867-1902), el tipo de estrofa era conocido como hokku.

El haiku, como se conoce hoy en día, no existió hasta que fue creado por Masaoka Shiki hacia el final del siglo 19.

Debería ser obvio, entonces, que alguien que hable de los “haiku” de Bashô, o los “haiku” de Buson, o Issa, o Gyôdai, o cualquiera de los otros primeros escritores de hokku, está hablando tanto inexacta como anacrónicamente. Ese es un simple hecho que cualquiera puede comprobar.

¿Por qué, entonces, tanta gente persiste en la terminología inexacta y anacrónica, pretendiendo que hokku y haiku son lo mismo? Hay dos simples razones. La primera está en los intereses de las organizaciones de haiku moderno, que han confundido haiku con hokku durante tanto tiempo en sus publicaciones, que sería vergonzoso hacer la corrección. Después de todo, ¡fueron los fundadores de la Haiku Society of America quienes intentaron hacer que el término “hokku” se declarara obsoleto!

La segunda razón es comercial. Escritores letrados que están mejor informados, a veces usan mal “haiku” al referirse a hokku simplemente porque ellos o sus editores, o ambos, quieren vender más copias, y es un sencillo hecho demográfico que más personas han oído hablar de “haiku” que de hokku.

El resultado es la perpetuación de una inexactitud que es conocida por todos al ser un error entre los estudiosos. No existe razón, por lo tanto, para no corregir el problema y usar la terminología precisa. Bashô no escribió haiku, ni ninguno de los otros escritores hasta el final del siglo 19, porque “haiku”, como se conoce hoy en día, simplemente no existió hasta entonces.

Shiki comenzó la confusión de términos casi trescientos años después de Bashô. Fuertemente influenciado por el pensamiento occidental en el arte y la literatura, decidió “reformar” el hokku, al separarlo de sus raíces espirituales y divorciarlo por completo de las estrofas encadenadas, en donde el hokku anteriormente se usaba como estrofa de apertura. Hasta ese momento, el hokku podía aparecer ya sea como estrofa independiente o como la primera de una secuencia de estrofas. Tras Shiki, su nuevo “haiku” —con un nombre elegido específicamente para enviar el hokku al olvido— sólo podía aparecer de forma independiente, porque él no consideraba que la estrofa eslabonada fuera legítima “literatura”.

Las reformas de Shiki dañaron al hokku, pero el resultado pudo no haber sido tan serio si no hubiera habido cada vez más escritores radicales persiguiéndolo, siguiendo su impaciente costumbre de innovación. Tanto en Japón como en Occidente, aparecieron escritores que continuamente remodelaron el nuevo “haiku” a formas que lo llevaron más y más lejos de las pautas y la estética del viejo hokku. Así, con el tiempo, hokku y haiku crecieron cada vez más separados.

Esta tendencia sólo se aceleró por los escritores occidentales, que desde el principio entendieron y percibieron erróneamente el hokku, combinándolo con sus propias nociones sobre la poesía y los poetas. Así que cuando a su vez comenzaron a escribir haiku, confusamente lo presentaron al público como “lo que escribió Bashô”, cuando, por supuesto, no tenía casi nada en común con el hokku de Bashô, salvo la brevedad.

Hoy, de hecho, la tradición del haiku moderno occidental, que virtualmente fue creado en la década de 1960, se ha vuelto tan variada que no es inexacto decir que el haiku hoy en día es todo lo que un escritor individual considere que sea. Si un escritor llama a su poema “haiku”, es haiku. No hay criterios universalmente aceptados que definan al haiku, por lo que en la actualidad, en el idioma inglés, no es más que un término global, un cajón de sastre, para poemas cortos de aproximadamente tres líneas. En realidad, un haiku moderno es a menudo simplemente una estrofa libre.

Esto se contrapone en gran medida con el hokku, que tiene principios muy definidos y patrones estéticos heredados —incluso en inglés y en otros idiomas— de la antigua tradición del hokku, gracias a lo cual puede seguir siendo llamado por el mismo término. El hokku moderno conserva en esencia la estética y los principios del antiguo hokku, mientras que el haiku moderno, es un nuevo tipo de poema con normas muy variables en función de los caprichos de cada escritor.

Esta situación ha resultado en una gran cantidad de ira no siempre bien reprimida, entre los escritores de haiku moderno. Los foros de haiku en la red tienen mala fama por los altercados y sañas. Hay muchas razones para ello. En un formato que permite a cada persona ser su propio árbitro de lo que es o no es “haiku”, es inevitable que haya innumerables desacuerdos y ásperas fricciones entre aquellos que sólo consideran su propia versión de “haiku” superior. Y, por supuesto, casi todos ellos están muy en contra del reavivamiento del antiguo hokku, que pensaban había sido silenciosamente enterrado y olvidado; porque (por alguna razón), encuentran que un poema con una legítima conexión al antiguo hokku, y con claras normas y principios y estética, (de alguna manera) amenaza a su sentido occidental del poeta como vanguardista, revolucionario, intelectual. El resto se lo dejaré a los psicólogos.

Ergo, hoy en día la situación es la siguiente: Existe el hokku antiguo, practicado desde el tiempo de Onitsura y Bashô hasta la época de Shiki. Esta tradición del hokku hoy continúa entre algunos de nosotros que todavía lo practicamos como un poema corto, estacional, basado en lo espiritual, vinculado a la naturaleza; y como una forma de vida. Pero también existe la mucho más conocida y difundida nueva tradición del haiku, que comenzó hacia el final del siglo 19 en Japón, y que se puso en marcha en inglés en la década de 1960 hacia el oeste. El haiku moderno no requiere base espiritual, ni tampoco tiene necesariamente una conexión con la naturaleza o las estaciones. Tampoco tiene necesariamente nada que ver con el estilo de vida de uno, o cómo uno ve el universo y el lugar de los humanos en él.

Para frustración de muchos en las comunidades de haiku moderno a quienes les gusta pensar en su haiku como el formato de elite, el mayor impacto del haiku en el mundo moderno —entre el público en general—, ha sido como un nuevo y deliberadamente satírico poema de baja calidad. Eso explica la popularidad de variaciones tales como “Spam-ku” [correo no deseado-ku], “Honku” [bocinazo-ku] y “Redneck Haiku” [haiku del patán o bruto]. El haiku ha fallado en ganarse la aceptación en la corriente principal de la literatura inglesa, a pesar de la difundida experimentación de celebridades tales como Richard Wright y W. H. Auden. Más bien, hoy se le considera como “poesía de escuela primaria”, y eso ha contribuido en su transformación a poema satírico, dándole en gran medida el mismo lugar en la escritura occidental moderna, que el sarcástico senryû tuvo en Japón —que similarmente era tanto de baja calidad como humorístico—. Tal vez este sea el verdadero futuro del haiku en occidente.

No obstante, cualquiera sea la situación moderna, el hokku y el haiku son hoy dos formas poéticas diferentes que no se deben confundir en el uso académico ni en el uso popular. El Hokku y el haiku están relacionados históricamente —porque el hokku moderno es una continuación del hokku antiguo, y el haiku moderno evolucionó a partir del hokku antiguo—, pero aún así están separados y son distintos en la práctica y en la estética. Y con un movimiento en marcha al haiku moderno para finalmente descartar incluso el nombre de “haiku” —dejando simplemente una forma libre y corta de poesía que se le puede llamar como sea que el escritor desee llamarle—; el hokku más que nunca se aparta de todo eso hoy llamado “haiku”.

Ante esta situación, la existencia hoy en día tanto del viejo hokku basado en la naturaleza y las estaciones, y de la más nueva e innovadora tradición del haiku, depende del individuo; es ella o él quien elije el que prefiera, pero aún así es importante utilizar la terminología adecuada y precisa para cada uno —hokku para unos, y haiku para otros—.

En cuanto a mí, sigo la antigua tradición del hokku, porque me parece no sólo más profunda en comparación con la superficialidad de la mayoría de los haiku de hoy, sino también me parece mucho más satisfactoria en su pureza espiritual, su falta de egoísmo y su íntima conexión con la naturaleza y las estaciones.

Eso no impide que me divierta con estrofas como los “Redneck Haiku[haiku del patán o bruto] acerca de un tipo llamado Clyde, quien se presenta a las chicas golpeando ruidosamente en la puerta de su camioneta y aullando como un perro (Redneck Haiku Double-Wide edition, de Mary K. Witte).

¿Qué importa el nombre que le demos?

Siguiendo el pensamiento de lo anterior, ¿qué importa si llamamos a la estrofa que escribimos hokku, o haiku, o incluso de otro modo, mientras sea una buena y apasionada estrofa?

Importa muchísimo. Aparte de la simple cuestión de la exactitud histórica —que requiere el uso del término hokku—, está la cuestión de la definición exacta. Si en una clase de elaboración de pan, el profesor descubre que cada vez que dice “pan”, lo que sus alumnos realmente escuchan es “pizza”, entonces esa va a ser una clase muy desordenada. Descubrí esto por experiencia, cuando recién empezaba a enseñar hokku.

Cada vez que decía: “En el hokku se hace esto…”, lo que muchos de mis alumnos entendían era “En el haiku se hace esto…”, Traían todos su bagaje de lo que sabían del haiku al aprendizaje del hokku, y eso estuvo constantemente obstruyendo el proceso de aprendizaje. Para salir de este dilema, primero tenían que darse cuenta de que hokku y haiku NO es lo mismo, que el hokku tiene principios, patrones, y estética bien definidos, y que el haiku, por el contrario, es un término general para una gran cantidad de tipos de estrofas, con una amplia variedad de patrones y estética —tan amplia, de hecho, que un haiku se ha convertido en prácticamente todo lo que cualquier escritor decide llamar haiku—.

Lo importante en esto era comenzar a deshacer toda la confusión y ofuscación causada por las sociedades y libros de haiku, y por expertos auto-fabricados en la segunda mitad del siglo 20. El primer paso era muy básico —darse cuenta de que uno ha estado engañado—, que Bashô no escribió haiku, ni cualquiera de los otros implicados en el mismo tipo de estrofa, en los más de 200 años que precedieron la introducción del haiku al mundo por Masaoka Shiki, cerca del final del siglo 19.

Me asombró lo sorpresivo que era esto para los entusiastas del haiku, cuando por primera vez comencé a decirlo en público hace años. Al principio, simplemente no me creían, y se preguntaban: “¿Puede ser cierto? ¿Bashô realmente llamaba hokku a sus famosos poemas, y no haiku?” Así es como el público había sido engañado ampliamente por las “autoridades” del haiku escrito en la segunda mitad del siglo 20.

Si Bashô no escribió haiku, sino que claramente llamó hokku a lo que escribió —en el contexto más amplio del haikai—, entonces ¿por qué todos en la comunidad del haiku moderno pretendían que eran de alguna manera sucesores de Bashô, cuando no escribían el tipo de estrofa que él escribió, y ni siquiera lo llamaban por el mismo nombre? Todo se remonta a la confusión masiva impuesta al público en el siglo 20 por los escritores de las sociedades de haiku que decidieron simplemente ignorar el pasado y volver a rehacer el poema de acuerdo con sus propios preconceptos occidentales sobre poetas y poesía.

Pero teniendo en cuenta todo eso, ¿qué pasa con la idea de que no importa como sea llamado un poema, mientras sea un buen y apasionado poema?

Lo que sea una buena estrofa depende de lo que la estrofa esté destinada a ser. Un buen jingle comercial no es probablemente un buen soneto. Un buen soneto no es probablemente una buena cuarteta. Una buena cuarteta no va a ser un buen hokku. Esto es simple lógica, de la misma manera sabemos que una buena pizza no es a la vez un buen pastel. SÍ importa cómo se llama a las cosas, lo cual es por qué el lenguaje es útil y no simplemente confuso.

¿Y qué pasa con la pasión al escribir poemas? Bueno, un hombre es capaz de escribir apasionadamente sobre su caniche recién esquilado: Pupsi; pero el escribir simplemente con pasión no significa escribir bien, o incluso de forma interesante. Edward D. Wood Jr. trabajó con notable pasión en la filmación de películas, pero es recordado por algunas de las peores películas jamás creadas involuntariamente —películas que de tan malas son muy divertidas—. No me sorprende que muchos en la comunidad del haiku moderno, quienes se quejan que el hokku limita su derecho inherente como poetas a expresarse con pasión de la manera que lo deseen, con frecuencia salen a escribir poemas muy malos, bajo cualquier definición.

Y en cualquier caso, el hokku NO es limitante. Si se quiere escribir algo que no se ajusta a las normas y estética del hokku, uno es libre de escribir en cualquier formato de estrofa que se desee, al igual que si se quiere añadir ajo y salsa de tomate y mozzarella a una receta de harina, no se le puede llamar “torta”, pero sin duda se le puede llamar pizza.

En resumen, la mayoría de las quejas que se oyen de los entusiastas del haiku moderno sobre el hokku son simplemente absurdas, que reflejan una falta de lógica básica, una ausencia de pensamiento claro. Llamar al hokku por su verdadero nombre, es históricamente exacto y preciso por definición. Llamarlo “haiku” es históricamente inexacto, engañoso, confuso y anacrónico. La mejor elección es obvia.

Una vez que se dejan de lado tales protestas poco meditadas, se es libre de explorar todo lo que es el hokku, en lugar de deambular en un laberinto de confusión causado por la mezcla de todo lo que no es. Así que este asunto básico de la terminología —llamar las cosas por su nombre— es, como Confucio señaló, de vital importancia. Para escribir hokku debemos conocer todo lo que pertenece al hokku, sin mezclarlo con todo lo que pertenece a otros tipos de poesía, como el haiku. Entonces uno puede dar los primeros pasos para aprender a escribir en la tradición de Bashô, Gyôdai, Taigi, y todos los otros escritores de hokku desde el siglo 17 hasta el final del 19 —y de los escritores de hokku moderno que siguen la tradición hoy en día—.

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David Coomler [Oregon, EE.UU.], desde hace mucho es autor y profesor de hokku. Fue el primero que comenzó a enseñar de forma activa el hokku en Internet, muchos años atrás. Él hace especial hincapié en distinguir el hokku —el antiguo y el nuevo— de su vástago, el haiku moderno. También de especial importancia en su enseñanza es el enfoque a la naturaleza, y el lugar de los seres humanos dentro y como parte de ella, lo que considera muy significativo en el actual período de crisis ambiental. Él mantiene la tradicional conexión del hokku con el cambio de estaciones, aunque con una actualización y simplificación más adecuada al hokku escrito fuera de Japón, en otros idiomas aparte del japonés. Coomler subraya la importancia de la escritura en el contexto del medio natural en que se vive, y que el hokku, en cualquier país e idioma que sea escrito, debería ser una planta nativa creciendo en un suelo nativo.

Su sitio web en inglés es: https://hokku.wordpress.com/

 

 

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